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Noticias impactantes.

“Me quedé paralítico celebrando el gol de Puyol en el Mundial”

Santi y Enric son internos con daños medulares del Instituto Guttman, un centro sanitario especializado en este tipo de lesiones

JOAN MONFORT

Enric y Santi se han conocido entre las paredes del hospital, al que llegaron de forma traumática Foto: JOAN MONFORT




Las piernas de Santi desobedecen las órdenes que llegan de su cerebro. Lo hacen desde la madrugada del 7 al 8 de julio, pocas horas después de que Puyol batiera de cabeza a Alemania y metiera a España en su primera final de un Mundial. Santi se lanzó de cabeza a una fuente sin calibrar su profundidad. Notó cómo la vértebra C7 se le partía. Hoy aprende a vivir en el Instituto Guttmann. Enric, jubilado y socio del Barça, se duchaba el pasado 10 de junio en un hotel de Madrid, ciudad a la que había acudido a un curso de seguridad y sanidad. Resbaló e impactó con la espalda en el borde de la bañera. Sintió, mientras el agua inundaba el baño, que no podía levantarse. Hoy aprende a vivir en el Instituto Guttmann.

El hospital, inaugurado en 1965, está especializado en el tratamiento de lesiones medulares y cerebrales. Es una burbuja, un mundo dentro del mundo, una pequeña ciudad sin barreras. Allí es donde Santi, de 19 años, y Enric, de 64, arrancan de cero, aparcando lo vivido y asimilando nuevos conceptos con los que abrir un nuevo capítulo en sus respectivos libros. Sentados en una silla de ruedas nos abren las puertas de su habitación la noche de un día de Champions en el Camp Nou. Barça-Copenhague. Enric, culé; Santi, madridista. “Echo de menos ir al campo, hacer los bocadillos y ver los partidos con mi mujer. Era un ritual que duraba cinco horas, entre que salíamos y volvíamos”, confiesa Enric, que espera ser reubicado en una zona a la que pueda acceder con la silla. “Villa no acaba de cuajar”, le interrumpe su colega, poco antes de que Messi marque su primer gol a los daneses. “Tápate la cara, tápatela”.

Santi la cubre con su enorme gorra mientras se lleva los dedos de ambas manos a la boca para humedecerlos. Es un tic que ha adquirido, un ‘regalo’ por las muchas horas que pasa impulsando su silla. Puyol es el futbolista que más aprecia del Barça. Aunque su gesta con España, de forma indirecta, le llevara al Guttmann. “Además de ser buen defensa, tiene la cara para serlo”. Santi, de Mataró, recuerda la promesa que hizo y que cumplirá: “Dije que si ganábamos la final, me pondría su nombre en la camiseta. Y lo haré”. “¿Pero qué dices hombre? ¿Y aún tienes ganas de seguir celebrándolo? Además, ¿cómo quieres poner su nombre en una camiseta de España?”, le reprocha su compañero.

Acusar, provocar, bromear de forma hiriente es una de las rutinas que los pacientes del Guttmann practican a diario. “Siempre de buen rollo, eh. Además del fútbol, hemos aprendido a buscarnos estas cosillas para olvidarnos de lo que tenemos aquí. Esto es un mundo muy particular, es como la mili: cada uno lo vive a su manera”, explica Enric, que ingiere unas 15 ó 16 pastillas a diario. Santi sigue a lo suyo: “Ví aquí la final, me estaba muriendo. La verdad es que si no hubiéramos ganado la final sí que me hubiera cabreado”, bromea, echando mano de una ironía que utiliza a discreción: “Volvería a la plaza Italia (donde quedó paralítico) para poner una bomba. No, ahora en serio, iría si el Madrid gana algo o España, pero tendría cuidado de que no me pisaran”.

Ver la vida desde una silla de ruedas es ver la vida desde un lugar distinto. Cambia la perspectiva, física y mental. El punto de mira es distinto en todos los sentidos. Para Enric, a sus 64 años, el único objetivo es “no ser una carga para nadie”. Hace 25 años, con 39, pasó cinco días en la UVI a causa de un infarto: “Aquello sí me cambió, aprendí a no sufrir por nada, tampoco por esto. Eso sí, por mis problemas de corazón deberé ir con silla eléctrica. El objetivo es hacer el mínimo esfuerzo posible para seguir viviendo”. Y acudir cada quince días al Camp Nou. Santi quiere ver la botella medio llena: “Hace cuatro días traspasé el bar que tenía en propiedad. Ahora pienso en estudiar medicina y, por qué no, trabajar algún día en el Guttmann”. Fuera, el mundo que vivieron es distinto al que encontrarán.

Fuente:

http://www.sport.es/default.asp?idpublicacio_PK=44&idioma=CAS&idnoticia_PK=729431&idseccio_PK=803

1 Secretos:

Titania

Qué curioso O.O Hay que tener más cuidado con esas celebraciones xDDDD